«Culpa por consanguinidad»: Alina Fernández, la hija de Fidel Castro, analiza el desgaste de Cuba y pide no subestimar al régimen
A sus 70 años y desde su exilio en Miami, Alina Fernández, hija biológica de Fidel Castro, ha roto el silencio en una profunda entrevista para advertir que, aunque Cuba ha entrado en un «punto de no retorno» debido a la miseria y el desespero social, el aparato de poder de La Habana posee una resiliencia estructural que Occidente no debe subestimar.
Fernández, quien escapó de la isla en 1993 disfrazada con una peluca y un pasaporte español falso en pleno Período Especial, ofrece una perspectiva única y dolorosa. Su testimonio no solo desmitifica la figura de su padre, a quien describe como un hombre con un «monólogo perpetuo y un nivel de crueldad elevado», sino que analiza con frialdad el diseño de supervivencia de un régimen que ha sometido a cinco generaciones de cubanos a un «experimento social absurdo».
Los pilares del análisis de Alina Fernández
La entrevista repasa las vivencias íntimas de la disidente y su lectura sobre la compleja realidad que atraviesa la isla caribeña:
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El monopolio de la miseria: Fernández recuerda que las carencias en Cuba no son un fenómeno nuevo ni exclusivo del embargo. Relata cómo en los años 70, tras cuestionar a su padre por el arresto de artesanos independientes en la Plaza de la Catedral, Castro le dejó clara la doctrina inamovible del sistema: «El Estado nunca puede perder el monopolio del comercio». Para ella, esa obsesión por el control absoluto destruyó la capacidad de subsistencia del cubano.
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La paradoja del poder internacional: Frente a quienes justifican al Gobierno cubano bajo la narrativa de una «pequeña isla sitiada», Fernández expone una verdad histórica contundente: «¿Qué país supuestamente bloqueado y muerto de hambre puede sostener una guerra de 15 años en otro continente (África)? A Fidel Castro Cuba se le quedó pequeña; llegó a gobernar el mundo a costa del hambre de su propio pueblo».
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Advertencia a Occidente (No subestimar el control): A pesar de las protestas masivas y el colapso de los servicios básicos, Alina advierte que el régimen es experto en el manejo de crisis, la infiltración y el «escarmiento» público. Subestimar su capacidad de maniobra política y su red de complicidades internacionales (tanto en América Latina como en Europa) es un error táctico de quienes esperan una transición rápida o espontánea.
Un testimonio desde el peso del apellido
«Un sentimiento de culpa por consanguinidad»: Al ser cuestionada sobre si su constante activismo responde a un deber moral por su origen, Fernández confiesa con crudeza: «Lo que yo he hecho está dictado también por un sentimiento de culpa por consanguinidad que no debería sentir, pero es el deber. Uno de los grandes responsables de esta desgracia me dio la vida».
A pesar de haber tenido la oportunidad de adoptar el apellido Castro a los 12 años por una propuesta legal de su padre, Alina lo rechazó de plano por considerarlo un trámite «humillante» y prefirió mantener la identidad de la familia que la crió.
Hoy, mientras observa la profunda crisis humanitaria de la isla y los movimientos judiciales y diplomáticos que agitan el Caribe y Washington, la hija rebelde de la Revolución insiste en que la prioridad absoluta debe ser el bienestar del ciudadano común, atrapado en un bucle histórico: «La gente en Cuba lo que necesita es respirar, llegar finalmente al siglo XXI y tener la oportunidad de darle una vida digna a sus hijos».

